Biografia

Nací un 10 de Junio de 1964 en la inmortal ciudad de Zaragoza (a partir de ese día ya volvió a ser mortal), más concretamente en la «Casa Grande», en la acera opuesta se encuentra el estadio de la Romareda, donde los «5 Magníficos» deleitaban a los parroquianos del Real Zaragoza y del resto del país; y eso señores, marca de por vida (eso, eso, exclamaba un forofo). Según relatan los cronistas de entonces (en este caso, mi padre) el susodicho día en la maternidad estuvo a punto de ocurrir una tragedia, mi madre en el quirófano, gritando de dolor y con 42º de fiebre y ningún médico se atrevía a hacerle la cesárea, por riesgo de que la fiebre complicara el parto, mis abuelas peleándose por poner el nombre de sus respectivos maridos a el niño, mi `padre teniéndoselas tiesas con los médicos para que provocaran el parto. Resumiendo, en vista del cariz de los acontecimientos, mi progenitor agarró un bidón de gasolina y amenazó con pegarle fuego a todo, (Larsson, esto lo plagiaste) al final, los médicos trajeron al mundo al niño y mis abuelas salomónicamente decidieron poner los dos nombres de sus maridos, Francisco y Mariano, y asunto arreglado, por suerte tengo dos abuelos, si llego a tener ocho tendría más nombres que un Mariscal de campo. Si quieren saber más de este guirigay esperen a que emitan una película sobre mi vida, así de paso ganaré alguna «perra» que ya va siendo hora.

A la tierna edad de tres añitos tuve que pasar por el quirófano porque las anginas no se contentaron sólo con inflamarse, además las puñeteras derivaron en un soplo en el corazón (de mayor algunas mujeres me produjeron, no un soplo sino un tifón y no las erradicaron a las jodidas). El pediatra recetó una cosa muy curiosa: —Paco, déjate de medicinas, ni de hostias. Lo mejor para el niño es que pase todo el verano en el pueblo, que corra, juegue, coma, beba y duerma a pierna suelta con el aire puro de la sierra. Como tú y yo hemos hecho— esas sabias palabras se las dijo el Dr. Gonzalo a mi padre, amigos desde zagales en la cuadrilla de El Frasno. Allí pasé los veranos de mi infancia con mis dos tipos de «aventuras», las de mi pandilla y las literarias de Los cinco de Enid Blyton. Mi imaginación volaba tan alto como el cielo estrellado de la bella pedanía.

Los inviernos de esa infancia transcurrieron en el colegio de los Salesianos, he de reconocer que en lo académico, con más pena que gloria, ya que las asignaturas de ciencias se contaban por hermosas cucurbitáceas a final de curso, pero en secundaria comencé a leer mis primeros clásicos y con ello mi amor por la lectura.

Llegó la adolescencia con sus granos, bobadas, rebeldías, masturbaciones, estas in crescendo (por eso tenías granos, bobo) y sobre todo mi avidez por seguir leyendo. Al llegar a los 17 años una noche de verano, armado de valor, le espeté a mi padre: —Papa, no quiero seguir estudiando—, lo primero que me esperaba era un sermón acompañado de un mamporro, pero no, encendió un cigarrillo y ofreciéndome otro, me habló muy pausadamente: —Paquito, tú sabrás lo que haces, ya eres mayorcito pero dos consejos te va a dar tu padre; El primero: Como no te jodas, no comerás moras, y el segundo: Medio mundo da por el culo al otro medio…tú verás en que sitio te pones—

   Yo, el muy iluso, salí con una sonrisa socarrona, apurando las últimas caladas del pitillo, sin entender al carca de mi viejo, pero, treinta años después soy consciente de la decepción que se llevó mi padre aquel día, tirar por la borda tantos años de sacrificios por parte de ellos en dar estudios a alguien y no ser correspondido. Doy fe que en cualquier contrato de mí extenso Currículum la última cláusula siempre era, subliminalmente, el número cinco, que rima con «que te la hinco», (ver el segundo consejo).

Por suerte mi juventud (divino tesoro) coincidió con la década de los ochenta. ¡Que ansias de libertad, ganas de vivir y dejar vivir teníamos todos!, la mili la hice en Aviación, al lado de casa, después de quince meses cumpliendo con la patria, salí por la puerta con el petate cargado de buenos recuerdos (los malos se dejan en la puerta del cuartel) y un amigo para toda la vida.

Empecé mi periplo por varios oficios y empresas: gasolinero, reparapinchazos, encargado de lavadero, vigilante jurado y repartidor. Mientras buscaba la estabilidad laboral, viajé, me divertí, tonteé con algún estupefaciente (muy poco), me emborraché (eso, si), me enamoré y amé (por cierto, una vez muchísimo), en resumidas cuentas viví la vida como la creía que la tiene que vivir y sentir un joven, huelga decir que mi pasión por la lectura seguía intacta.

Durante las fiestas del Pilar de 1992 conocí a Fina, la que veinte años después sigue siendo la mujer de mi vida, al principio vivimos en «pecado» tres años en Zaragoza, pero la maldita crisis del 93 (comparada con la actual se quedó en un pequeño bache en el camino) y un empleo fijo para mi pareja nos hizo salir de mi amada ciudad y nos instalamos en L´Estartit, un bellísimo pueblo de la Costa Brava. Para el Paquito empezó otro periplo de oficios; marinero de rutas turísticas (aquí he de reconocer que podía haber sido el oficio de mi vida, pero un trabajo de temporada es incompatible con una hipoteca), pintor de brocha gorda, repartidor y comercial de helados y bebidas.

Por fin el 1 de enero del 2004 entré a trabajar en una pequeña gasolinera de Repsol, donde el destino me juntó con mi compañero, amigo y colega de sueños, Ferran. El 10 de junio del 2007 emprendimos mi mayor sueño en esta vida que era el Demiurgo, había llegado el momento de pasar de sujeto pasivo a sujeto activo e intentar plasmar una historia como las cientos y cientos que he leído durante toda mi vida.

Deseo que estas pinceladas de mi vida os vayan encaminando hacia el Demiurgo.

PACO ELIPE   

 

 

El año que el Gobierno abolió los cupones de racionamiento y las colas de los economatos, o sea cuando se acabó una posguerra que duró cuatro veces más que la propia guerra, me trajeron al mundo, digo me trajeron pues yo no vine, ya que donde estaba, estaba muy bien. Obviamente recuerdos de esa época, nada, pues todo se reducía a teta, caca y dormir. Luego vino la escuela primaria con sus batas de rayas negras, lápices Alpina, leche en polvo de almendras por las mañanas y tardes y la foto adusta y severa de un señor que llamaban «caudillo», lo que más me gustaba eran las letras, cuando la «señorita» leía algo, me quedaba embobado escuchándola, y la música, (la música amansa las fieras) a fe que es verdad pues yo era un poco gamberro, los números eran mi vía crucis, hoy en día todavía cuento con los dedos.

Los estudios secundarios se caracterizaron por la autoridad claustral de los religiosos que nos daban clase, (nosotros les llamábamos «los curas»), los reyes godos, las ecuaciones de primer y segundo grado, con una o dos incógnitas, y una asignatura llamada FEN (Formación del Espíritu Nacional), les propongo un juego de imaginación: Ambiente monástico + Asignatura de FEN, impartida por un señor de bigotito muy fino y gafas negras, que solía ser también profesor de gimnasia, resultado: los que han acertado son de mi época, la foto del señor adusto seguía, la mente infantil pensaba que no sabían donde ponerla por eso estaba allí, luego ya me contaron quien era. Por suerte mi afición por la literatura y la música se incrementó, tuve también mis primeros contactos con otros seres humanos llamados «chicas», no tan divertidas como los «chicos» pues con ellas no podías abrirte la crisma a pedradas, pero había algo que te arrastraba hasta ellas, años más tarde me dijeron que eso era (la atracción de los géneros), vaya estupidez, la realidad es (tiran más dos tetas que dos carretas), era difícil congeniar con ellas, pero descubrí que dos acordes de guitarra hacen maravillas, y con todas estas historias llegamos a los estudios superiores.

Tiempos convulsos, el resto del mundo iba por un camino, nosotros ni íbamos ni veníamos, estábamos y gracias, la poca información que nos llegaba era como el estraperlo, a escondidas. Tuve que alternar los estudios con el mundo laboral, también las primeras carreras delante de la policía, fue una época muy intensa, pero la avidez de lectura y música seguía intacta. Había dos corrientes culturales en aquellos tiempos, la corriente francesa y la anglosajona, yo me incline más por la anglosajona, Woodstock y el festival de la Isla de Wright con el estallido del rock en todas sus formas, me sentí más identificado que el izquierdismo aburguesado de la corriente francesa, aunque reconociendo sus valores culturales, que los hubo y muy importantes. Necesitaba más información y música del extranjero, por eso a los amigos, familiares, conocidos de conocidos que salían alguna vez fuera de las fronteras, ya sea por ocio o negocios siempre les pedía discos y revistas (Había que ver la cara que ponían, personas de edad madura, cuando les decía: Tráeme un disco de Vanilla Fudge o Juicy Lucy, Thin Lizzy, etc…).

Escogí unos estudios de ciencias, evidentemente tenía que salir mal por fuerza, además tampoco estaba mucho por la labor dicho sea de paso.

Llegó el momento del servicio militar, quince meses en África destrozaron todos mis planteamientos, a la vuelta empecé a perfilar mi futuro profesional, situándome hasta llegar a un cargo importante en una empresa, pero sin dejar mis aficiones literarias y musicales, hasta que un grave suceso sacudió toda mi vida cayendo hasta tocar fondo. Hay un proverbio chino que reza: Si te caes siete veces, levántate ocho. Es cierto, y hay que enfrentarse a ello, pero con medio siglo a tus espaldas cuesta mucho más.

Desde cero, en otra ciudad, otros trabajos hasta que aparqué mis huesos en la gasolinera que coincidí con Paco Elipe, otro personaje que se ha convertido, primero y fundamentalmente en amigo con el cual compartimos aficiones, y una de ellas era la literatura, empezando a surgir la idea de un libro, juntando sinergias y donde no llegas tú, llego yo, como diría un amigo mío norteamericano refiriéndose a las asociaciones: —You scratch my back, I´ll scratch yours— (Tú rascas mi espalda, yo rasco la tuya) conseguimos finalizar este libro, realizado con mucho trabajo y cariño.

La foto del señor ya no está. El niño diría: ¿Le han encontrado otro sitio?

FERRAN CUBELLS

2 pensamientos en “Biografia

  1. Me ha encantado reencontrarte. Estoy leyendo el libro y me encanta. Me has devuelto a mi juventud, que la tenia olvidada. Felicidades

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