LA FÁBULA DE LA CRISIS

La canícula caía a  plomo  en el yermo y pequeño pueblo. Pocas personas se atrevían en  Colmenar del Patíbulo  a pasear por sus abandonadas calles. No llegaban a cuatrocientas las  almas  que intentaban dar vida al agónico villorrio. La vida trascurría monótona y difícil,  casi imposible desde la espantosa crisis que azota al mundo en especial a nuestro país.

Un moderno y lujoso sedan negro, con los cristales tintados apareció por el cruce de la carretera comarcal con la nacional. El ruido inapreciable del motor solamente perturbó el  revolotear de las moscas. El automóvil se detuvo en la céntrica plaza donde se concentran los pocos  servicios y triste vida del misero municipio.

Vladimir Ivanov hizo un mohin de fastidio cuando abandonó la comodidad del aire acondicionado del vehículo y se tuvo que enfrentar a la tórrida temperatura del exterior, la mueca se trasformó en desagrado cuando observó el edificio que tenia en frente de sus ojos. Con resignación el flamante ingeniero de la multinacional  rusa se dirigió a la puerta de la fonda del Macario.

El vestíbulo del fonducho le confirmó la idea que se había hecho en el exterior, pero al menos en el interior hacía una agradable temperatura.  De un deslucido portalón apareció un hombre maduro de mirada despistada y cuerpo enjuto que saludó al viajero.

-Buenas tardes, caballero ¿ Desea hospedaje? -exclamó con voz pastosa, producto de una interrupción brusca de la sagrada siesta.

-Buenas tardes, deseo la mejor habitación con baño, estaré unos días en la villa-solicitó, en un perfecto español.

Acompañando a sus escuetas palabras deslizó en el destartalado mostrador un reluciente billete verde de 100 €, los ojos del posadero le empezaron hacer chiribitas.¡ Eso si que era esplendor en la hierba!.

-¿Es suficiente cantidad  como fianza?

-Señor, me abruma,somos una humilde fonda, la  supera con creces.

-Deme la llave, quiero refrescarme y descansar, cuando el sol temple su calor me daré una vuelta por los alrededores.

Macario siguió con la vista los elegantes andares del huésped, no llegaba a entender como ese señor se había dejado caer por aquel abandonado lugar de la mano de Dios, pero para él, le había caído el mejor ángel de la corte celestial. Absorto en sus pensamientos no se dio cuenta que entraba por la puerta de servicio Manolo el carnicero, su voz grave  hizo dar un respingo al hostelero.

-¡Hey! tenemos forastero nuevo por lo que veo -exclamó con una sonrisa.

-¡Joer que susto me has dado! algún día me saldrá mi débil corazón por la boca. Si, es ruso, según pone en el pasaporte -aclaró Macario.

-Me he pasado por si necesitabas material para la cena.

-No, pero ya que estas aquí te pago la cuenta del mes que asciende a 100€ , y quedamos en paz .

-¡Hombre, esto no me lo esperaba!, el que paga descansa y el que cobra mucho más -exclamó Manolo con una sonrisa mientras besaba el billete verde.

Mientras cruzaba la calle con paso firme, iba palpando el bolsillo de la camisa donde estaba el billete, cuando oyó unos cencerros en lo alto del callejón. Al momento aparecieron las primeras cabezas del rebaño de Bonifacio, con movimientos cansinos y asustadizos  los corderos llegaron hasta él, rodeándolo. Los fieles e inteligentes perros intentaban conducir la grey por las estrechas callejuelas, cerrando la comitiva iba Boni con un ternasco recién nacido a los hombros.

-¡Buenas tardes, que ganas tengo de encerrar a las bestias! Hoy hace un calor de cojones -Saludó el fornido pastor.

– Hola Boni, tengo algo que te va alegrar esta tórrida tarde, toma te pago los tres corderos que sacrificamos la pasada semana -le comunicó el carnicero entregándole el billete de 100€.

-Es un placer hacer negocios contigo -le dijo agradecido mientras se metía en la cartera el dinero. Se despidieron con un apretón de manos y cada cual siguió su camino.

Boni se dirigía con grandes zancadas a las afueras del pueblo, al llegar al portalón de la última casa paró y dio tres golpes secos. Espero unos instantes y abriéndose la pesada puerta, apareció un todavía bello rostro que se iluminó con una espléndida sonrisa, perteneciente a Sarita, la viuda alegre.

-Hola, si es mi hombretón, no te esperaba hoy cariño -dijo con voz melosa mientras se apartaba franqueándole la entrada.

-No Sarita, no te pongas en canción que los animales y esta calor me tienen “reventao”, he venido a pagarte los 100€ del par de favores de esta semana pasada -exclamó apartándose mientras le entregaba el parné.

-¡Que lastima, mi semental, tú te lo pierdes¡ -le susurró mientras escondía el dinero en el generoso escote.

     No había pasado media hora de la visita del pastor cuando de nuevo se abrió el portalón de la casa de la viuda. Sarita, con paso insinuante se dirigía hacia el centro del pueblo. Todos los ojos masculinos seguían con miradas lascivas el pasar de la bella fémina y  de odio y envidia de parte de sus cónyuges al ver como le sentaba el liviano vestido en su escultural cuerpo. Antes de entrar en la vieja posada miró alrededor de la  plaza y se introdujo en el interior.

    -Macarín, ¿dónde estas ? -llamó desde el vestíbulo.

    -Hola Sarita, cuanto bueno por aquí ¿Ya te has enterado que hay carne fresca? -preguntó con sonrisa irónica.

    -No, no sabia nada, pero no me preocupa, si es un hombre tarde o temprano nos encontraremos en este pueblucho. Esta visita es para hacerte feliz, cariño -y acompañando sus palabras sacó  los 100€ de lo más profundo del esplendoroso busto.

    Sarita se despidió de él con un sugerente guiño y  Macario le correspondió oliendo y estrujando con deseos concupiscentes el dinero. No se podía creer su buena suerte, en  pocas horas  había retornado a sus manos el billete de 100€. Se disponía a guardar el deseado tesoro en la caja registradora cuando unos pasos en las escaleras le hicieron desviar su mirada hacia allí, el elegante y altivo ingeniero ruso bajaba las escaleras llevando el ligero equipaje. El huésped llegó al mostrador, y anunció:

    -He recibido una llamada de la central y tengo que volver urgentemente a la capital, si me hace el favor, me devuelve el dinero de la fianza y mi pasaporte, le dejo 10€ por las molestias y la ducha.

   -Lástima que tenga que dejarnos tan inesperadamente, pero los que mandan, mandan -dijo con resignación mientras le devolvía lo requerido por el cliente.

   El señor Ivanov, introdujo el billete de 100€, que aún conservaba el suave perfume de Sarita, y se dirigió hacia el sedan negro sin mirar hacia atrás. Puso en marcha el vehículo y lo enfiló hacia la carretera. Miró por el espejo retrovisor y con sonrisa desdeñosa torció hacia la derecha pensando que ya nunca vendría a este pequeño pueblo de Colmenar del Patíbulo. El sol buscaba su ocaso detrás de la pequeña sierra formando irónicamente una amplia sonrisa que hubiera firmado el mismísimo Smile.

MORALEJA: ¡CABRONES, LOS QUE TENÉIS LA PASTA, NO LA GUARDÉIS, PORQUE EN EL ALGÚN MOMENTO TAMBIÉN FUE NUESTRA!

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