NOCHE EN VELA

Oscar, el vigilante, miraba distraído como bailaba la luz en los pulsadores . En el momento que el botón con el número 8 se iluminó, el viejo ascensor se paró, cada vez con un creciente e inquietante chasquido. Un pasillo oscuro, estrecho y sepulcral apareció tras las puertas automáticas. Con parsimonia recorrió el primer tramo, en la mano se balanceaba un lector de infrarrojos y en la otra una potente linterna que  iluminaba el saliente de una de las paredes. Oscar sonrió mientras deslizaba el lector y se registraba el primer paso de la ronda, se había percatado de que algo alteraba la tediosa rutina y dirigió el haz luminoso  hacia la puerta más cercana a  la salida de incendios.

– toc-toc- ¿Si?

-¿Sr. Pelayo, otra noche en vela?

– Si Oscar, otra vigilia de cafeína y nicotina- contestó una voz ronca detrás de la puerta.

Pelayo, oyó como se alejaban las lentas y cansinas pisadas por la escalera contra-incendios. Se relajó de nuevo, encendió el enésimo cigarrillo y rebuscó en su caótica mesa de trabajo. De entre una montaña de manuscritos eligió uno y los otros fueron desalojados de un enorme manotazo, cayendo ruidosamente en el frió suelo. Ahí estaba él de nuevo, su eterno paquete de Ducados y su Zippo dorado, la vieja cafetera con el recién molido café arábigo, y lo más importante, el manuscrito. El titulo no le importaba, se había quedado prendado de él en la lectura rápida y selectiva, donde el 90% de los libros son archivados en la letra P de papelera. Los dedos amarillentos y temblorosos pasaron los primero folios, y ante los irritados ojos del ya maduro editor  apareció el primer capítulo…  el corazón empezó a latir con fuerza y se sumergió en el mundo de la fantasía.

Amanecía en Madrid, desde la ventana del octavo piso aún se podía apreciar la belleza del albor del día, nada que ver con el que contemplaba todos los días de su niñez, allá en la húmeda y verdinegra Asturias. No le importaba el olor a rancio, ni el temblor creciente de sus manos; debido al exceso de cafeína, ni el lagrimear de los ojos inyectados en sangre por la lectura interrumpida de más de cuatrocientas páginas. Nada podía afectar a su inmensa alegría. El golpeteo en la puerta le sacó del ensimismamiento con un respingo.

-¿Todo ok, Sr Pelayo? ya se pasó otra noche en vela -saludó una cabeza enorme, con muy poco pelo, desde el quicio de la puerta.

– Todo perfecto Oscar -contestó atusándose el abundante pelo canoso.

La sonrisa se dibujo en su rostro dulcificando las ostensibles huellas de la trasnochada. Rebusco una “pava” en el cenicero, todo estaba a su favor, casi era medio cigarrillo;lo encendió con deleite, la primera calada…¡Oh,Dios sabía a rayos! Se tragó todo el alquitrán y el gas de la gasolina del Zippo. La tos se escuchó varias plantas más abajo.

Medio asfixiado, medio catatónico y medio ciego, volvió a mirar a la ventana y todo lo vio de color de rosa…..

“Hace tiempo que no creo en Dios, ni en nada parecido. Pero a alguien le tengo que dar gracias por este regalo divino. Soy completamente consciente que esto se lo debo a esta terrible crisis que nos azota. Gracias a ella las grandes editoriales, ni leen los manuscritos que les envían. Tiran de sus escritores punteros que les aseguran números positivos para sus exigentes accionistas. Por cierto, últimamente,  ¡cuánta mierda estoy leyendo de las agobiadas y exprimidas estrellas mediáticas! Las medianas imitan  a sus hermanas mayores y tanto han reeditado escritores del pasado que están pidiendo a los monjes que vuelvan a traducir las antiguas escrituras. Gracias a que todos quieren salvar el trasero, esconden la cabeza debajo de la tierra para que pase el temporal. Ja,ja,ja, y no se dan cuenta que están dejando el culo para aparcar bicicletas…¡Que se jodan!

Pelayo se alejó de la ventana, se puso su vieja gabardina (comparada, la de Colombo era de pasarela Cibeles) se enfundó las gafas de sol y recogiendo el manuscrito se lo llevó a los labios dándole un sonoro ósculo. Abrió la puerta, miró a la claustrofobica habitación y dando un grito, regaló un corte de mangas.

¡ESTA NOCHE, LA HE PASADO EN VELA!

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