Un universo dentro de un minúsculo espacio

    No hace ni tres meses que  la palabra fin, fue escrita al final de un párrafo. Se terminaban cuatro años de ilusiones, sufrimientos, alegrías, decepciones, sueños y trabajo, mucho trabajo. No nos podíamos creer que lo hubiéramos finalizado, pero si, delante de nosotros 611 cuartillas, 152.061 palabras, 3.432 párrafos y 884.285 caracteres con espacios, fueron plasmados sobre un espacio en blanco.

    La otra tarde después del rutinario paseo por las páginas favoritas, revisar el correo y alguna que otra incursión en  páginas golfas … El puntero de mi ratón se detuvo encima del icono del documento word. Inconscientemente, o no, abrí el documento y ante mí en el centro de la pantalla apareció ; el folio en blanco. La mayor pesadilla del autor abandonado por la numen. El transmisor de imágenes, sensaciones y sentimientos del escritor inspirado. Volví a sentir esa agridulce sensación de vértigo a lo desconocido.

    !Que efecto me produjo el impoluto rectángulo níveo¡ En ese pequeñísimo espacio se han desarrollado guerras entre mundos, cruentas batallas galácticas, maravillosas historias de amor, terroríficos monstruos aterrorizando a niños indefensos, exaltaciones de proezas bélicas, relatos de vivencias y un interminable rosario de etcéteras. Resumiendo, todo lo alcanzando por el ser humano ha sido plasmado negro sobre blanco.

     Cuando más absorto estaba pensando en la grandeza de la escritura, mi imaginación me hizo una jugarreta.  Del centro del folio cuatro diminutas manos aparecieron de la nada, estas se auparon y emergieron asomando medio cuerpo dos minúsculos personajes. No hicieron falta palabras, solamente una enorme sonrisa iluminó sus rostros y con las manos me convidaban a que los siguiera dentro de ese espacio en blanco. No hubo presentaciones, sabía perfectamente quien eran; Paco Toel y Ferran Puquet, mis personajes principales del Demiurgo.

     Sacudí la cabeza cerrando los ojos, cuando de nuevo los abrí el blanco reinaba en el centro de la pantalla, con una sonrisa descolgué el teléfono, marqué un número infinitamente tecleado, y al tercer tono obtuve respuesta.

– ¿Si?

-Hola Ferran, creo que tengo una idea sobre una nueva aventura de este par de  sinvergüenzas, solamente es un esbozo, un embrión.

-Bien, pues, no hagamos cabrear a las musas…